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El maestro Héctor Rivera nació de la unión de Cándida y Pablo Rivera, ambos oriundos de Guayama, Puerto Rico, el 26 de enero de 1933, cuando la pareja vivía en la 62 Este de la Calle 99 en el Harlem Hispano (sin embargo en las notas de su primer LP como director y arreglista “Rivera Let’s cha cha cha”, se presenta que nació en el condado de Manhattan). Cinco años más tarde, el joven Héctor estuvo orientado hacia los danzones cubanos, a los cuales estaba expuesto todos los días a través de la radio. En 1943 los Rivera se mudaron a un apartamento en la avenida Fox y Trinton del Bronx. Seria aquí que por primera vez escucho la pieza de Machito “Sopa de Pichón”, lo que lo llevaría a estudiar música de manera formal.
Se convirtió en estudiante del pianista Luis Varona (de las orquestas de Machito y Tito Puente); continuo aprendiendo mientras escuchaba las grabaciones de Noro Morales, Varona, y Rene Hernández con Machito. Con el tiempo esta área del Bronx se convertiría en la incubadora de las futuras estrellas de la música latina, como lo son Tito Rodríguez, Ray Barreto, Manny Oquendo, Charlie y Eddie Palmieri, Chicky Perez, Orlando Marín, Joe Quijano, René “El Látigo” Hernández, Tommy Garcia (de la orquesta de Tito Rodríguez), Ray Coen (de la orquesta de Tito Puente), y Arsenio Rodríguez. Pero definitivamente los discos de Noro Morales eran la inspiración real de Rivera.
Héctor Rivera se inició como pianista en la banda Rumba de el señor José Rodríguez, enamorado de la música latina se matriculó en la Academia Músical Lecompte en la ciudad de Nueva York y estudió bajo la supervisión del profesor Luís Verona. Sus primeras composiciones y arreglos musicales los experimentó con la famosa orquesta del maestro Elmo García.
En 1947, la grabación de Machito “Me Dejan Solito” para el sello Continental dejo una huella imborrable en la mente de Rivera. Un año más tarde comenzaría sus estudios de orquestación con el trompetista Eddie Forestier, quien le otorgaría el puesto de pianista de su propia banda. Fuera de la tarima, Rivera pasaría su tiempo libre bailando en el Palladium. Cuando no estaba bailando, siempre se le podía encontrar detrás del piano, observando a Joe Loco, Rene Hernández, Al Escobar y Luisito Benjamín.
Tenía tiempo para visitar el China Doll, y no importa cuantas veces la orquesta de Noro Morales interpretase el número “110th Street and Fifth Avenue” o “Ponce”, Rivera simplemente no se cansaba de escucharlos tocar. Se unió a la orquesta de Elmo García en 1951, para luego irse el próximo año a formar su propia agrupación, la cual debutó en el Hunts Point Palace en el Bronx. La otra banda en el programa era la recién formada orquesta de Orlando Marín, con el pianista Eddie Palmieri y el vocalista Joe Quijano.




Fue en la primavera de 1952 que Héctor decidió formar su primer proyecto musical, para incorporarse dentro de la liga de los líderes de bandas latinos, la llamó para aquel momento "Los Tubos del Mambo", con este proyecto trabajó en el famoso Palladium de Nueva York. No obstante Héctor recibió una carta del presidente de los EE.UU., que lo invitaba a enlistarse en las filas del ejército de este país. El día anterior, antes de irse al entrenamiento básico, había participado como uno de los muchos invitados especiales en una grabación de Machito que Columbia Records había organizado buscando recrear la atmósfera de una sesión en vivo. Rivera vio a la banda grabar “Mambo Inn”, “Sambia”, “Beeree Bee Cum Bee” y “Si Si, No No”.
Él se vinculó a la armada y participó en la Guerra de Corea, luego de la guerra, su tropa fue enviada a la isla de Guam, allí se le asignó un trabajo especial para los reclutas y consistió en producir los arreglos y las composiciones de un show que mostrara la historia del mambo.
Mientras estuvo estacionado en Guam, conoció a Ignacio “Nacho” Sanabria, un puertorriqueño a quien había motivado y ayudado para que se convirtiera en vocalista. En aquel tiempo, el cha-cha-chá se estaba convirtiendo rápidamente en la nueva onda de baile, y el no poder ni escuchar, ni grabar un cha-cha-chá estaba volviendo loco a Rivera. Pensaba que si era lo suficientemente bueno (el cha-cha-chá) para reemplazar al mambo, definitivamente debía ser algo especial.
A finales de 1954, Rivera estaba de vacaciones. Mientras subía los escalones que llevaban al Palladium podía escuchar una música rara - una flauta y coro. Dentro del salón de baile, Tito Puente y Willie Bobo estaban cantando el coro de “El Jamaiquino” en tiempo de cha-cha-chá. Ni siquiera el cha-cha-chá de Machito lo movía. “Estaba esperando algo especial - caliente, con mucho swing como el mambo, pero no lo era”. Rivera fue eximido del servicio militar el 2 de marzo de 1955.
Después de recibir su licencia del servicio, Héctor amplió su carrera musical estudiando arreglos y composiciones modernas con el celebre profesor Gil Fuller, quien fuera el arreglista de las bandas de Stan Kenton, Dizy Gillespie y Machito. El maestro Rivera ejecutó el piano en varias orquestas como la del judío americano Alfredito Levy, con Moncho Leña “el Rey de la Plena”, Mon Rivera“el Rey del Tragalengua”, Arsenio Rodríguez, Vicentico Valdés, Ray Barretto, Johnny Pacheco, Kako, el Sexteto de Joe Cuba y La Lupe.
Alfredito Levy, la estrella judía de música latina de aquel entonces, estaba tan caliente como Puente, Tito Rodríguez, Joe Loco y el Sexteto La Playa. Luego de seis meses con Alfredito, Rivera tocó sus 78 rpm para Moncho Leña y se le encargaron los arreglos para los números de Orlando Marín “Mi Mambo”, “Wildfire”, “Carmela” y el hit “La Mesa”. La locura por el cha-cha no había alcanzado el cenit cuando Mercury Records contrato a Elmo García para que grabase. García, quien solo sabia tocar claves, le pidió a Rivera que escribiera y arreglara cuatro números, encomienda que ya se le había otorgado a otra persona anteriormente.



Cuando el segundo arreglista no pudo cumplir con traer las cuatro piezas, Gil Fuller, el hombre de Mercury a cargo de A&R, le dio la tarea a Rivera. La grabación de 1957 Let’s Cha Cha Cha with Hector Rivera utilizó a toda la orquesta de Machito, pero sin los saxofones. Rivera nunca va a olvidar esta sesión de grabación. Todavía tiene guardado una de las partituras del evento que aún tiene marcas de sangre, las cuales fueron causadas por un puño que le dio Elmo García. Posteriormente se formaría el Quinteto de Héctor Rivera. Luego Rivera estaría un año con Arsenio antes de terminar sustituyendo a Eddie Palmieri en la orquesta de Vicentico Valdés en 1958.
Tres años después, cuando la pachanga y la charanga estaban arropando con el ambiente, Ray Barreto, quien recién abandonaba la orquesta de Tito Puente, tuvo la oportunidad de grabar un LP. Barreto le pidió a su amigo del vecindario Rivera que escribiera y arreglara toda la música para el Lp de 1961 de Riverside Pachanga with Barreto. Los números, “Pachanga Oriental”, “Pachanga Suavecito” y “Oye Heck” fueron increíbles dado a la selección personal de Barreto de Héctor Rivera en el piano; Rod Luis Sánchez en la flauta; Willie Rodríguez en los timbales; un coro que consistía de Tito Rodríguez, Elliot Romero y Rudy Calzado; y los violines de Daniel Gonzáles, José Abreu y Chombo Silva.
Poco tiempo después, Rivera ganó la atención de América Latina con sus excitantes discos para el sello Epic. Una de las famosas piezas lo seria “Petite” la cual se convertiría en el éxito de Joe Cuba “Mujer Divina”. Aunque Rivera era una estrella de grabación, todavía seguía siendo el pianista de Vicentico Valdés. Luego de la experiencia con Valdés, toco piano de 1964 a 1966 con el conjunto caliente de Johnny Pacheco, a la vez que continuaba arreglando y componiendo. Rivera fue pianista y arreglista para el disco de la Tico de 1967 Joe Cuba Presents the Velvet Voice of Jimmy Sabater, que incluye “Caress Me”, “Pensar”, “Los Dos” y “No Te Olvides De Mí”.



Recordemos que finalizando la década de los 50 y comenzando la de los 60, se vivió el auge de un ritmo fiestero y pegajoso, que gracias a su estructura y estilo contaba historias sencillas de la cotidianidad, el ritmo Pachanga. En esta tumultuosa época llena de cambios y creatividad, Héctor Rivera se convirtió en exponente importante del ritmo Pachanga y graba dos álbumes sencillamente extraordinarios: “Viva Rivera” y “The new latin dance sensation”, ambos para la casa Epic Récord.
Corría el año de 1966 – para el reinado del boogaloo - cuando compuso la famosa tonada “At the Party”, la cual fue colocada en la radio en toda la América Latina, ocupando los primeros lugares en las lista de éxitos de Colombia, Venezuela, Perú, Panamá, Ecuador, Curazao, Aruba, Jamaica y en los estados de Nueva York, Nueva Jersey y probablemente Chicago. El maestro Rivera dividió su carrera entre los instrumentos y las voces — él empleó a varios cantantes, pero David Coleman fue su preferido en muchos álbumes, en especial en At the Party.
El album “At The Party” logró llegar a los primeros 40 en las listas musicales. El se oponía a describir al ritmo como boogaloo; prefería que se le llamase “latin soul”, con lo que otro ritmo terminó incorporándose a la familia de música latina. El Lp de At The Party también contiene la versión de Rivera de “Asia Minor”, la cual definitivamente fue una de las mejores grabaciones del año. Sí había alguna duda de que es lo que era el Latin Soul, el disco de 1969 para el sello Four Points llamado Hector Mania definitivamente brindaba una definición. Dick Sugar era el unico DJ que lo tocaba regularmente. Aun así, los programas de R&B y jazz le dieron una exposición muy merecida.
Rivera hizo otras cosas grandes para United Artists y Tico Records. Su imaginación también le ha añadido mucho a las grabaciones salseras posteriores. De todas, ninguna puede compararse con su composición y arreglo de “Bobby: Bajo y Clarinete” para el álbum de 1977 de las Alegre All Star llamado Perdido. Escúchelo bien y entenderá porque los lideres de orquestas durante los años cincuenta normalmente decían, “Consíganme a Héctor Rivera!”
Rivera grabó cerca de ocho LP como director de orquesta entre 1957 y 1974. En los años 70 se publicaron los álbumes: “Para mi gente” y “Lo máximo” ambos para la casa Tico Récord; y el sensacional “The return of Héctor Rivera y su orquesta, y vuelve” bajo el sello UA Latino, dejando con ellos una estela de temas que sin duda alguna fueron confeccionados con toda la calidad y el esmero que exige el tema salsoso; varios de estos temas fueron:
”Acelerando”, “Aunque mami no quiera”, “Tumba el quinto”, “Guaguancó para los pollitos”, “Llora como yo”, “No creo en amores”,”Pa’ que puedan gozar”, entre otros.
Lamentablemente, este ingenioso compositor, arreglista y maestro del piano, sobrecargado y desagradado por el control monopolístico que generó la entrada de la Salsa en la escena de la ciudad de Nueva York, para comienzo de los años 70’s, eventualmente se retira del ambiente musical.
El Maestro Héctor Rivera falleció en la mañana del 8 de enero de 2006 — convirtiéndose en la primera baja sensible de este nuevo año, en un Hospital del Bronx, en NYC, aquejado del mal de Parkinson, lo que es una verdadera lastima de un pianista que aportó mucho a nuestra música.


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