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Nacido el 26 de diciembre de 1947, en Santurce, el nombrado "Sonero del Pueblo" es un verdadero personaje rufián de nuestra cultura popular. Constructor de frases curiosas y poseedor de un donaire divertido, ha sabido zurcir su capacidad vocal parafraseando el lenguaje cotidiano que cuenta las historias del pueblo, ensalzando al hombre y mujer ordinarios.
El cantante confeso que de nino nunca pensó en convertirse en una figura de la canción. Por el contrario, asegura que mientras se criaba, entre las calles Sánchez y Bolívar, en el perímetro que corre de las paradas 22 a la 24 de Santurce, sólo sonaba con ser un jugador de béisbol. "Las cosas que hacía de nino no tenían nada que ver con la música, aunque cantaba, porque eso sale natural. Yo era pelotero y jugaba left field. Me decían Roberto Clemente a lo zurdo porque era bueno fildeando. Bateando no era bueno, pero quería ser pelotero. Me di cuenta a tiempo que eso no era para mí", senala.
En sus anos de escolar, Marvin Santiago disfrutó de cantar rancheras y boleros, al punto que los "viejos" aficionados de la música lo conocían y, cuenta, que cada vez que visitaba la Plaza del Mercado de Santurce lo instaban a cantar. "La gente mayor me decía: 'Nene, cántate algo ahí'", dice. Pero no fue hasta que cumplió 19 anos de edad, y mientras vivía en el residencial "Nemesio Canales" de Hato Rey, que tuvo ante sí la primera oportunidad de explorar el mundo musical como integrante del grupo Los Trotamundos.
"En 1966 empiezo en una banda de companeros de la escuela de (Nemesio) Canales, donde viví en carne y hueso. El grupo (Los Trotamundos) lo dirigía Roberto Valdés y me invitaron y cantaba la salsa pegada a mi manera y ahí la música empezó a agradarme. No tenía el grado académico musical, no sabía que tenía un estilo. Pero no fue hasta 1968 que empieza Marvin Santiago a bregar con lo que es la música profesionalmente", narra.
Hasta entonces, el joven vocalista se había aproximado al mundo de la canción deleitándose con las formas interpretativas de Ismael Rivera, Cheo Feliciano y Tito Rodríguez, de quienes tomó prestadas las características que los hacían únicos para ir ordenando su propio estilo. "Yo me instruí de ellos pero no me copié. De Ismael (Rivera) aprendí lo de sonero guapo, el sonero macho que sabe lo que quiere, que sabe dónde va y sabe adornar lo que es un compás. De Tito (Rodríguez) la dicción, las r con las r y las s con las s; y de Cheo (Feliciano), que era un buen cantante, que tenía la picardía de Ismael y lo de cantante guapo, con la dicción clara de Tito. Ellos eran mis preferidos", sostiene.
La experiencia que pudo cultivar como cantante de Los Trotamundos fue pobre, al tratarse de una orquesta que trabajaba "cuando aparecía dónde tocar". En cambio, para quienes ya habían escuchado su voz opinaban sobre el potencial musical del joven, al punto que se hizo notorio entre la grey artística de la época. "Supe que la gente decía: 'Allí en Canales hay un tipo que canta'. Pero yo no sabía nada, las personas mayores hacían comentarios y fui aprendiendo, yo no tenía calle pero me rodeé de tipos que sabían", arguye.




Corría el ano 1967 y Rafael Cortijo buscaba un cantante que fuera capaz de armonizar con su grupo para que acompanara a Camilo Azuquita en las interpretaciones y los coros. El compositor Tite Curet Alonso, quien para esa época trabajaba en el Correo General de Hato Rey (a la entrada del residencial "Nemesio Canales"), sabía por referencia de la existencia de un cantante neófito que hacía pinitos en grupos aficionados. Un día pidió conocerlo.
"Tite llegó a mí sin conocerme. Me mandó a buscar para que fuera con él a audicionar con Cortijo a un club de Isla Verde. Tuve nervios porque era Cortijo, aunque me sentía seguro, pero cuando llegamos (la cita fue a las 2:00 de la tarde) vimos que el líder (Cortijo) tenía a alguien que también iba a probar y yo me dije la tengo perdida, porque si el dueno trajo a alguien era porque el chamaco tenía que ser bueno. Él número (la canción) no se lo sabía nadie y Cortijo pidió que se hicieran coros y que fuéramos a improvisar. Papo Lucca estaba tocando el piano, que entonces era estudiante del Conservatorio (de Música). En el ensayo vi que el muchacho tenía un sabor y una seguridad brava, y yo fui tenue, con calma, pero sabía pa' dónde iba", narra el cantante.
Cuenta que esa tarde, a pesar de los nervios, decidió mostrar lo que había aprendido escuchando a sus ídolos. Su contrincante, dice, mostró una seguridad inconfundible, asumió su turno como "macho de barrio" pero, al final, se olvidó que el secreto del sonero estaba en su capacidad de versar sobre un tema. "La canción se llamaba "Dominó", y era de Tite Curet, pero al otro chamaco se le olvidó hablar del coro y cuando me tocó mi turno yo hice lo que veía de Ismael, lo que él me decía sin hablarme, y hablé del juego de dominó en los soneos, que era para donde creía que tenía que ir", manifiesta.
De aquella escena, el muchacho inexperto del residencial "Nemesio Canales" entró a formar parte de una de las instituciones musicales más importantes del país y, desde entonces, su nombre comenzó a sentar más presencia entre las figuras artísticas de la época. Marvin Santiago estuvo tres anos con Rafael Cortijo y su Bonche radicando en la ciudad de Chicago. Con este grupo grabó su primer disco, "Ahí na má" (1968), en el que canta "Vasos en colores" y "La campana del lechón", por primera vez.
Confiesa que aun cuando su paso con Los Trotamundos lo llevó a conocer algunas manas del oficio de cantor, no fue hasta que trabajó junto al maestro Rafael Cortijo que aprendió "todos los trucos y las formas de los músicos y los cantantes". Esa experiencia, además, lo expuso a unas vivencias hasta entonces desconocidas, como la oportunidad de viajar fuera de Puerto Rico y su estancia en la ciudad de Chicago.
Mientras habitó en la "Ciudad de los Vientos", y durante los descansos de su orquesta, Marvin Santiago intervino con el grupo Gilberto y su Sexteto, una banda local que alternaba con las agrupaciones que visitaban la ciudad Al cabo de tres anos, y abrazado por la "nostalgia de estar en la Isla", abandonó a Cortijo y regresó a Puerto Rico, seducido por una oferta musical que le hizo Johnny "El Bravo" López.
"Vine a Puerto Rico y dimos un viaje a Venezuela. Hice las presentaciones pero hubo cosas en el viaje que no me gustaron. Cobré mis chavos y cuando regresamos busqué otro trabajo y fue cuando Roberto Angleró me llama", narra. La segunda producción que trabajó Marvin Santiago fue junto a la orquesta de Roberto Angleró, en 1970, y aunque su estadía en el grupo fue exigua logró imponerse en el mercado musical con el éxito "Chán con chán".



A la entrada de 1971, Marvin Santiago recibió una oferta para formar parte de la orquesta de Bobby Valentín, en sustitución de Frankie Hernández, justo cuando la banda se preparaba para la grabación de su nuevo disco. Ingresar a esta agrupación significaba un lujo para cualquier vocalista, por tratarse de una de las entidades salseras de más impacto dentro y fuera de Puerto Rico. Además, la astucia y maestría de Bobby Valentín aseguraban el pase para que el cantante colocara su nombre con firmeza en la palestra musical.
Con este grupo Marvin grabó el álbum "Rompecabezas", haciéndose notar con el tema "Payaso de carnaval", "Las ingratitudes", "Mueve tu piedra" y "El amolador", entre otros. La experiencia fue exitosa y, de inmediato, trabajaron el disco "Soy boricua" (1972), seguido de "Bobby Valentín: Rey del bajo" (1973), "In Motion" (1974), "Bobby Valentín va a la cárcel, Vol. I y II" (1975) y "Afuera" (1976).
En ese periodo de cinco anos se produjeron éxitos como "El jíbaro de la naturaleza", "Luna", "Flor marchita" y "Mujeres de cabaret", entre otros. "Para mí estar con Bobby era lo más grande, él me ayudaba, me daba consejos. En ese momento no aceptaba nada más y tampoco quería ser solista, lo que quería era estar con Bobby", dice Marvin, quien afirma que tan pronto el líder de la orquesta armó su propia companía discográfica (Bronco Records) le aumentó la paga de sus presentaciones y sus discos.
Sin embargo, en 1976, y como consecuencia de su problema de adicción, Marvin Santiago se vio precisado a abandonar el grupo y, en ese momento, aceptó una oferta de la casa disquera TH Records para iniciar una carrera como solista. "Perdí mi trabajo por mi adicción. Durante el tiempo que estaba con Bobby yo era adicto y en ese transcurso de éxitos él (Bobby Valentín) me daba mis consejos y era una pena para él que yo fuera un adicto porque el trabajo lo hacía bien… !Si estábamos pegao'! Así que los foul que yo cometí con él en la música me los dio por alto hasta que llegó el cuarto foul y se cansó", cuenta Marvin.
La carrera en solitario de Marvin Santiago comenzó con la producción "De los soneros", trabajada junto a Tito Valentín para TH Records, seguido de "Fuego a la jicotea" y "Caliente y explosivo". Para ese momento, su voz había madurado a fuerza de la experiencia aprendida en su carrera y ya estaba consagrado como una de los mejores intérpretes de salsa del país, distinguido por su capacidad de versar soneos improvisados con gracia y picardía. Su éxito como solista fue abrumador, al punto de que en sus presentaciones pudo prescindir de cantar los temas que había hecho famoso en su junte con Bobby Valentín.
Esta historia de gloria, en cambio, tomó un nuevo giro cuando el 22 de septiembre de 1980, a las 7:00 de la noche, Marvin Santiago ingresó a la Cárcel Regional de Bayamón, tras ser encontrado culpable de tráfico de drogas, cargando una sentencia de diez anos. "Yo caí preso pero estaba pegao'. Perdí la libertad de la calle al estar preso, pero espiritualmente me liberaron de la esclavitud que tenía con la droga. Aprendí en la cárcel que de nada me servía tener fama, chavos y estar en la droga, porque eso no era vida", afirma. Aun cuando la acusación que pesó en su contra fue por posesión y distribución de drogas, el cantante asegura que el caso "fue fabricado". "Yo no vendía (drogas), pero la Policía decía que yo tenía contacto con los muchachos de la droga y los conocía porque los mencionaba en mis discos y que-rían callarme", confiesa.



Marvin entra a usar drogas por la nariz en 1969, al final de la época con Cortijo. En ese momento Cheo Feliciano me aconsejó que no usara drogas y me contó la historia de su vida. Él siempre me dio buenos consejos, no como otros que para aprovecharse de ti te dicen que esto es lo mejor porque ellos están en éso y te necesitan y te tienen que danar.
Él (Cheo) vivía conmigo, estaba enfermo en su problema, pero nunca quiso aprovecharse de mi ingenuidad, para decirme esto es así y así. Me aconsejó que la droga es lo que destruía a un hombre, que era lo peor que hay, que es lo que te puede llevar al fondo. Me contaba todos los problemas que tuvo y a lo que te puede llevar la droga. Me arrepiento de no haberlo escuchado, yo sé que lo escuchaba, pero no sé si lo escuché bien. Él me habló y yo lo oía, pero eran pajaritos prenaos para mí.
Cuando entré a la orquesta de Bobby usaba drogas y lo sabía todo el mundo menos yo. Yo me fui de Puerto Rico sin usar drogas y regresé siendo un adicto, pero yo no sabía que me estaba "guillando" de mí. Era nuevo en esta faena. Cuando empiezas a conocer el mundo de la droga empiezas a destapar todo lo que quieres esconder y ya no te importa que lo sepan y no te escondes de la gente, ni de tu papá ni de tu mamá. Estuve 10 anos en la adicción, dándole al piso. Me metí droga por 'tos laos'. Usé heroína, cocaína, no me metí LSD porque tenía miedo que me metiera eso y me tirara de un edificio. Me metí pastillas pero nunca me metí crack porque para ese tiempo no se conocía, pero ya yo tenía toda la maldad, era un maestro de la A a la Z para cualquiera que tratara de venderme 'saorria'.
Un día estoy en mi cuarto (en la cárcel) y viene un bichote y me ensena un cuarto de tecata y uno de perico para metérnosla juntos. Eso podía cogernos una semana y cuando él dijo: 'Marvin esto es pa' ti y pa' mí...', le dije, no quiero, y él me contestó: 'Chico, yo no te voy a cobrar'. Yo le dije que no, no, no quiero, y en mi mente yo decía, pero por qué le digo que no, contra qué me pasa, y él se fue y me quedé solo en el cuarto y yo dije pero si eso era regalao. Ahí vi lo que la palabra dice: 'No te preocupes por lo que yo voy a hablar, cuando yo vaya a hablar tomaré tu cuerpo y te pondré las palabras. Yo no fui el que habló, fue el espíritu de Dios".
El Sonero del Pueblo todavía recuerda el momento en que llegó a prisión y las palabras que le infirió el guardia penal que lo recibió.
-Te apagaron, Marvin.
-No, yo estoy flasheando, estoy prendido todavía.
Al poco tiempo de ingresar a la cárcel, Marvin asegura que se desvinculó de la droga, rompió su adicción y se convirtió al Evangelio. En ese tiempo también recibió la noticia de que su consejero, Joe Benítez, le había conseguido un permiso para que grabara un nuevo álbum, aun estando preso. "Dios llevó a ese muchacho al Superintendente de la Policía para que me dejara grabar y cuando me dijeron que grabaría adentro, me emocioné. Hicieron un estudio y llevaron las cosas, la música se grabó afuera y yo puse la voz y los presos vieron el proceso. Ahí cambió mi vida porque yo no sabía lo que era ser famoso y ese disco corrió toda América y llegó hasta sitios donde no me conocían. Todos los temas fueron éxitos y eso fue una bomba", narra.
El producto de esa experiencia se recogió en el álbum "Adentro" (1981), cuyos temas cuentan, en su mayoría, incidencias de la vida en prisión. Considerado como un "ejemplo de superación para los presos", Marvin también tuvo la oportunidad de hacer presentaciones públicas y hasta llegar a viajar, anteponiéndose a las críticas de sus detractores quienes lo acusaron por sus privilegios. "Como había presos que tenían más tiempo y no podían salir, ya se empezaba a regar el chisme de que si yo tenía comprado a Corrección, que si chavos por debajo de la mesa, pero no era así", dice.
Luego de "Adentro", y aún en la cárcel, el salsero produjo los discos "El hijo del pueblo" (1982) y "El sonero del pueblo" (1985). Después le siguió "Oficial, pero con tremenda pinta" (1986) -mientras cumplía probatoria-, "Bregando con lo mejor" (1988), "Al filo del pantalón" (1990), "Donde lo dejamos" (1992) y "El epílogo de Tono Bicicleta" (1995).



En su carrera musical, Marvin también se ha destacado como excelente bolerista y ha grabado cerca de una decena de temas románticos, casi todos con la orquesta de Bobby Valentín. Su imagen revestida del colorido sombrero pra pra le persigue desde 1987, fecha en que su amigo Carlitos Lugo le regaló uno. Cuenta que una de las cosas más grandes que le ha pasado en su vida fue conocer a Cheo Feliciano, a quien admiraba desde nino. Participó por varios meses con la orquesta de Tommy Olivencia, a su salida de la banda de Bobby Valentín, y grabó varios temas que nunca se publicaron bajo la agrupación de Olivencia y que en 1984 aparecen incluidas en su disco de éxitos.
A mediados de los ochentas Marvin empezó a sufrir de Diabetes, por la que le debieron ser amputados algunos dedos de su pierna derecha, pero el agravamiento de la enfermedad hizo necesario que luego le amputasen la pierna, reemplazándola por una prótesis. Pero a pesar de su enfermedad y con la confianza puesta en su "Cristomicina" o medicina de fe en Cristo, participó en los aniversarios de Bobby Valentín y Tommy Olivencia.
El gran "Sonero del Pueblo" recibió un homenaje en el ano 2.004 en el Anfiteatro Tito Puente, en Puerto Rico. Fue un gran reconocimiento a la obra musical del Marvin y su contribución a la cultura musical de América Latina. La grabación se tituló "Tributo al Sonero del Pueblo", y participaron, entre otros, Luís "Perico" Ortiz, Elías Lopés , Freddy Miranda , Oscar D 'León, Domingo Quinones, Luisito Carrión , Humberto Ramírez, Héctor Wichie Camacho y Henry Santiago.
El martes seis de octubre del mismo 2.004, Marvin Santiago falleció a causa de un infarto cardiaco en el hospital San Pablo de Bayamón en Puerto Rico. Fue enterrado en el cementerio municipal de Lomas Verdes, y su despedida se realizó con instrumentos musicales que portaban más de 50 personas durante su sepelio. No otra podía ser la despedida y el último adiós al Sonero del Pueblo.
Marvin Santiago era un gran sonero. Virtuoso del verbo popular y callejero, rumbero de la calle, con un basto sentido del humor y un carisma inigualable, atributos que le han ganado el apelativo de "El Sonero del Pueblo", ubicado a la altura de la habilidad de la improvisación de figuras como Ismael Rivera, Héctor Lavoe y Chamaco Ramírez. Su voz conserva el tono brusco y afónico que le ha caracterizado y que de golpe y porrazo es capaz de transformase en un sonido armónico y cadencioso que provoca el jaleo de los cuerpos al ritmo de sus melodías.
Sus destrezas las aprendió escuchando a Ismael Rivera soneando encima de los coros con seguridad, en tiempo y en contratiempo. A esa habilidad técnica se suma la agilidad de su mente para construir frases jocosas y pueblerinas, en algunos casos inventadas, que marcan el paso con las incidencias del diario vivir y, en otros, que toma prestadas de las expresiones más campechanas del hombre y la mujer común. Esa destreza de viajar en los espacios de los coros hace que sus soneos se muevan como moscas, siempre en los tiempos de las canciones. Así, sus expresiones de "Linda melodía", "Ave María", "Vaya móntate, pa barranquillas" y "Oficial", entre otras tantas, se hacen eco entre sus seguidores.
En torno a su arte de improvisar, Marvin cuenta que el cantante Rubén Blades no se cansa de preguntarle cómo hace para acomodar frases largas como un seeland donde cabe un Volkswagen. Es decir, cómo mete tanta letra en tan poco tiempo.


por Hiram Guadalupe Pérez

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