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Andy Montanez es hijo del barrio de Trastalleres de Santurce, en la ciudad capital. Un sector que aún conserva en sus callejuelas la historia del mundo industrial que floreció en el país durante los anos 40 y 50, y en cuyas fronteras resonó el paso del viejo tren que transitaba de San Juan a Ponce, al límite de los olores de la cervecería Corona, la cafetalera Yaucono y la procesadora de miel Molasas, Inc.
Allí nació el 7 de mayo de 1942, en el 974 del callejón La Rosa, en casa de sus abuelos dona Alejandrina Alejandro y don Tomás Montanez. A los 13 anos de edad, se mudó con sus padres para el número 945 del callejón La Palma, donde se hizo hombre junto a sus 16 hermanos. De su ninez recuerda su encanto por la música, aunque, confiesa, no imaginó que el derrotero que le esperaba habría de colocarlo entre las figuras más veneradas y refulgentes de la canción caribena.
Su pasión por cantar la heredó de su padre, don Andrés, un bohemio prendado con la sonoridad de los tangos y los boleros y quien solía reunirse todas las tardes con sus amigos para tocar guitarra y cantar, aliviando así la carga de una jornada intensa de trabajo. "Mi casa siempre fue el encuentro de la bohemia del barrio, y yo crecí en eso. Recuerdo que mi papá me ponía a cantar de nino para lucirse con sus amigos, porque desde nino afinaba y tenía oído musical", narra el salsero, quien es conocido en su familia como "Junior". Su madre, dona Celina Rodríguez, es la responsable de que Andy se encaminara en las lides artísticas, cuando un día, convencida del talento e interés del mayor de sus hijos, lo inscribió en el concurso de aficionados que conducía Rafael Quinones Vidal, "La tribuna del arte", en el radio teatro de WKAQ.
"Mi mamá me llevó a concursar cuando tenía 8 anos y recuerdo que me acompanó en la guitarra Pedro Rosario, papá de Papo Rosario, el de El Gran Combo. La canción que canté fue una espanola, 'Carino verdad', y gané", comenta. Ése fue el inicio de varias presentaciones que fueron abriendo surcos en la vida del joven santurcino, al tiempo que se convertía en una figura con resonancia en el ambiente musical de la época. Su segundo triunfo fue en el concurso de talentos que celebraba José Miguel Agrelot en su programa "El abuelito Welch", también en radio WKAQ, al que le siguieron un sinfin de competencias de aficionados que, aunque de menor exposición, lo fueron curtiendo en el arte de la canción.




La primera participación formal de Andy Montanez fue a los 16 años de edad, como segunda voz del trío Los Duendes, junto a sus amigos del barrio, Pachequito y Pucho, aunque nunca se profesionalizó en ese género. "Con el trío hacíamos bailes, dábamos serenatas y no cobrábamos. Cantábamos porque nos gustaba", asegura el intérprete. Sin embargo, su primera tarima profesional la tuvo en la orquesta de Luis Morales, cantando boleros en el club El Esquife, que ubicaba en el sector La Playita de San Juan.
"En una ocasión, fuimos a audicionar con el trío al club (El Esquife) y cuando llegamos la orquesta que tocaba necesitaba un cantante porque el suyo, Luis Lebrón, no había llegado. Entonces, Luis Morales me pidió que me quedara y ésa fue mi primera experiencia y en la que duré como cinco meses", dice el vocalista, que para entonces tenía 19 anos de edad y estudiaba en la escuela vocacional "Miguel Such" de Río Piedras. En esa agrupación coincidió con el conguero José Chacón, con quien partió a crear un nuevo grupo y en el que duró pocos meses, destacándose también como intérprete de boleros.



Andy Montañez fue siempre fiel admirador de Rafael Cortijo y su Combo y cuenta que desde nino solía ir a verlos cantar y bailar en el radio teatro de WKAQ, aunque nunca mantuvo relación alguna con sus miembros. Recuerda que meses después de la ruptura del grupo, en 1962, el pianista Rafael Ithier, que había creado El Gran Combo de Puerto Rico, buscaba un cantante para acompanar a Pellín Rodríguez porque el otro cantante, con quien había iniciado la agrupación, se había marchado. "Yo estaba cantando con el trío y un día llegó Sammy Ayala con Rafael Ithier al barrio buscándome. Rafa habló conmigo y me ofreció hacerme una prueba, yo acepté y le advertí que lo único que sabía cantar eran boleros. Él me llevó al estudio de WKAQ, se sentó en el piano y me preguntó si sabía algún número movido porque quería probar si estaba en clave y afinado. Contesté que sí y me puso a cantar 'Si yo tuviera un millón', que era bien popular en voz de Vicentico Valdés", cuenta el cantante, quien recuerda que el avezado pianista lo puso a prueba por seis meses.
Andrés Montañez, conocido en su barrio por "Junior", arribó a El Gran Combo de Puerto Rico a la edad de 20 años, a pocos meses de constituido el grupo, en 1962, contando con una exigua experiencia artística, aunque le sobraban talento y tenacidad. Hasta ese momento su vida había estado trazada en un pentagrama romántico, interpretando boleros que emulaban las voces gloriosas del trío Los Tres Reyes, Rey Arroyo y Los Tres Ases, entre otros.
El joven cantante de Trastalleres llegó al grupo para sustituir a Chiqui Rivera, convirtiéndose en el cantante rítmico que interpretaba los éxitos de Ismael Rivera con Cortijo y su Combo y los temas del disco "Menéame los mangos", el primero de la agrupación. Los boleros, en cambio, eran cantados, en su gran mayoría, por su contraparte vocal, Pellín Rodríguez. El resto de la alineación del grupo lo completó Rafael Ithier (director y piano), Eddie Pérez (saxo), Héctor Santos (saxo), Rogelio ("Quito") Vélez (trompeta), Martín Quinones (conga), Miguel Cruz (bajo), Roberto Roena (bongó), Milton Correa (timbal) y Víctor Pérez (trompeta). Esta composición sufrió varias alteraciones con el paso del tiempo.
El debut del novel vocalista con el Gran Combo se concretó durante la transmisión de un programa radial de WKAQ, en la que interpretó una canción de la inspiración de Bobby Capó y donde conoció al afamado cantante Felipe Rodríguez, buen amigo de Rafael Ithier. Hasta ese momento había sido presentado como Junior Montañez, hasta que Felipe Rodríguez sugirió cambiarle el nombre.
"Ithier y Felipe tenían una buena relación y cuando se lo presentaron, y le preguntó cómo se llamaba, le dijo que Junior era nombre de jockey, porque en ese momento era bien conocido el jinete Junior Cordero. De inmediato le preguntó su nombre de pila y él respondió, Andrés. Felipe le dijo: 'Pues te vas a llamar Andy'", cuenta el veterano periodista y locutor Rafy Torres.



Transcurridos varios meses de su llegada al grupo, comenzó a trabajar en su primer disco, "El Gran Combo… de Siempre", que salió al mercado a principios de 1963. En esta producción, Andy se dio a conocer con el éxito "La muerte", la melodía que hizo famoso el álbum, que también incluyó "A la loma de Belén", "El peluquero", "Cosas de la vida", "Sobina", "Merengue melao", "La reina Isabel", "El Perico", "Cabeza de hacha", "Te besé en carnaval", "La mafafa" y "Balimena".
La buena acogida de esta producción llevó al grupo a realizar su primer viaje internacional, a Panamá, seguido por su presentación en el Teatro Puerto Rico de Nueva York, para asistir a la grabación de "La taberna India", un programa de variedades musicales conducido por Rafy Torres. En la Ciudad de los Rascacielos también actuaron en los renombrados salones de baile El Palladium, Manhattan Center, Bronx Casino y Caborrojeno.
A partir de entonces, el nombre de Andy Montanez refulgió como integrante de una de las instituciones musicales más completas, llamativas y bien logradas de nuestra historiografía musical. Su paso con El Gran Combo duró 15 anos y produjo 37 discos -incluyendo los álbumes compilatorios- de los que se desprenden éxitos como "El barbero loco", "Julia", "Ponme el alcoholado, Juana", "La calle dolor", "Marta, yo tengo un dolor", "Milonga sentimental", "Guaguancó de El Gran Combo", "Un verano en Nueva York", "Vagabundo", "El swing", "Las hojas blancas", "La soledad" y "A mi manera", entre otros.
Más aún, la presencia de Andy junto a Pellín Rodríguez en El Gran Combo logró uno de los binomios más fascinantes de nuestro cancionero. Andy siempre se mostró fiel al compromiso de palabra que había sostenido con Rafael Ithier desde sus inicios en El Gran Combo y no consideró ninguna propuesta.
"Rafa es como mi padre. Me ensenó mucho y la fuerza que yo tengo en mi voz se la debo a él. Recuerdo un día que estábamos ensayando en Guaynabo, en un sitio que se llamaba El Palomar, y le comenté que los números me estaban quedando muy altos y que me estaba subiendo mucho los tonos. Él me dijo: 'Lo que pasa es que la voz es un músculo y si no le das trabajo se queda flácido'", cuenta.
Sin embargo, en una ocasión, durante una presentación de El Gran Combo en La Feria de Cali, en diciembre de 1976, luego de la intervención en tarima de la orquesta Dimensión Latina, Andy recibió un acercamiento del director del grupo venezolano para que sustituyera a Oscar D'León. La oferta fue seductora: $100 mil por ano, el compromiso de realizar dos bailes a la semana y el resto cobrado por separado, un contrato con la firma TH Records para grabar como solista y, además, la disposición de una residencia y un automóvil.
Andy regresó a Puerto Rico sin responder y al cabo de dos meses, en febrero de 1977, le inquirieron sobre la propuesta y aceptó. "Cuando me llamaron no me atrevía decírselo a Rafa y él se enteró por otras personas, que de hecho, eso le dolió mucho y creo que lo resintió. Él nunca me tuvo rabia, era como un dolor porque se le iba un hijo", dice.
Así, en 1977 el nombrado "Nino de Trastalleres" abandonó El Gran Combo, se estableció en Venezuela e inició una nueva etapa en su carrera artística como cantante principal de la Dimensión Latina. Con la agrupación venezolana permaneció tres anos y medio, grabó ocho discos y logró una cantera de éxitos como "El eco del tambor", "Pan de piquito", "Mujer impura", "Mi bambolaye", "Ritmos cubanos", "Hay que gozar", "Como canto yo", "Vuelve", "Rumberos de ayer", "Son del bohío", "Ave María, Lola", "Mi son oriental" y "Cantante errante".
En ese periodo también produjo sus primeros discos en solitario, al mismo tiempo que comenzó a aparecer en varias grabaciones junto a la Puerto Rico All Stars, con la que logró éxitos como "Reunión en la cima", "Isla bonita" y "Homenaje al Mesías", este último dedicado a Eddie Palmieri.



Tras cubrirse de éxito y fama como miembro de la orquesta venezolana Dimensión Latina y con un historial fascinante curtido a la sombra de El Gran Combo, Andy Montanez decidió regresar a Puerto Rico, a finales de 1980, para continuar su carrera musical en solitario. A su arribo a la Isla, inició con el acompanamiento de una orquesta de trombones, que dirigía un músico de Caguas de nombre Tino, aunque su estancia en el grupo fue breve.
Al ano, recibió el acercamiento del veterano músico Pedro Morales Cortijo ("Don Perinón") y es cuando formaliza un proyecto musical más a tono con las características sonoras que había logrado hilvanar en sus dos décadas de vocalista, y de la que se derivó la primera producción con su orquesta, "Salsa con caché", trabajada para el sello TH Records.
De inmediato sentó pautas en el mercado con los éxitos "Milonga para una nina" y "El juicio de los animales", entre otros. Luego, produjo el álbum "Para ustedes… con sabor" (1981), seguido por "Andy Montanez hoy… y ayer" (1982) y "Versátil" (1983). Habían transcurrido tres anos de constituida su agrupación cuando incorpora la participación del mayor de sus hijos, Andicito, en calidad de corista, iniciando de esa manera la conformación de un colectivo musical familiar, que al poco tiempo recibió la presencia de su segundo hijo, Harold, en 1986, y su hija Liza, en 1992.
Con Andicito lanzó al mercado el disco "Andy Montanez" (1984), que incluyó los temas "Dulce veneno", "Payaso" y "Genio y figura", una melodía de la inspiración de Tite Curet Alonso que alude a la relación del veterano cantante con su vástago. "Me gustó la idea de tener a mis hijos conmigo, aunque nunca lo forcé. Al cabo del tiempo, la gente nos ha nombrado la "Dinastía Montanez", que es una gran satisfacción porque sabes que puedes compartir con tus hijos en todo momento", comenta el salsero, un voraz lector, fanático de la música clásica y admirador del Premio Nobel de Literatura José Saramago.
El catálogo musical de Andy continuó ensanchándose con las producciones "El eterno enamorado" (1988), "Todo nuevo" (1990), "El catedrático de la salsa" (1991), "El swing de siempre" (1992) y "Salsa con caché" (1993), entre otros. En todos esos anos, el intérprete de "Las hojas blancas" fue cosechando innumerables éxitos dentro y fuera de Puerto Rico, destacándose su participación en la Exposición Universal de Sevilla, en 1992, y su visita a Japón, en 1993, junto a El Gran Combo.
En 1996 comenzó un proyecto musical maravilloso junto a su homólogo Ismael Miranda dirigido a evocar la nostalgia romántica de los anos 50 y 60, cuyo producto se recogió en tres álbumes de boleros: "Al son del bolero" (1996), "Románticos de nuevo" (1997) y "Con alma de nino" (1998). Con más de cuatro décadas de historia, el salsero -que vive absorto por la palabra y cuenta con un dulce encanto para comunicarse, elevando su verbo a canción y transformando su menaje en melodía- también ha sabido ganarse el favor del público por sus apariciones en zarzuelas, obras de teatro, proyectos cinematográficos, telenovelas y unitarios. "Respeto mucho lo que hago y creo que ahí estriba el éxito. Además, soy muy dichoso. He ganado muchas cosas, pero lo más importante, el carino del pueblo", afirma.


por Hiram Guadalupe Pérez

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