<<- regrese

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Transcurridos más de 50 anos de carrera artística, el nombre de Eduardo Palmieri Morales ("Eddie"), que nació el 15 de diciembre de 1936 en el barrio de Harlem, en Nueva York, de padres puertorriquenos, se ha convertido en emblema de una época, con un proyecto que ha reafirmado su vigencia trascendiendo las modas. Comenzó su instrucción musical en el piano a los ocho anos de edad, inspirado por su hermano mayor Carlos Manuel ("Charlie"), aunque admite que sus deseos eran convertirse en timbalero, pasión que le brotó luego de presenciar al músico Tito Puente realizando una descarga de timbales. Aun así, prosiguió sus estudios de piano en el Conservatorio de Música y al cumplir sus 11 anos debutó como pianista en el Carnegie Hall, en un concierto clásico. Entrada su adolescencia, el músico se concentró en aprender percusión, porque "a mis 13 anos todos queríamos tocar el timbal a lo Tito Puente". Recién cumplidos sus 15 anos de edad, Eddie Palmieri ingresó a la orquesta Alma Tropical, un conjunto típico comandado por su tío "El Chino", en calidad de timbalero. Mas su delirio por la percusión duró un par de anos y regresó de nuevo al piano. "Yo estaba loco por tocar el timbal, era lo que quería hacer. Me quedé dos anos con mi tío de timbalero, pero mi madre me compró una caja de metal para cargar los timbales que pesaba mucho y cuando yo cogía la caja para trabajar, mami me decía: 'Eduard, tú no ves qué lindo se ve tu hermano cuando va a trabajar, que no tiene que cargar el instrumento. ?Cuándo vas a aprender?'", cuenta el músico, quien se considera "un percusionista frustrado, por lo que me desquito con el piano". En el ano 1952, y mientras asistía a la escuela, Eddie Palmieri organizó un grupo musical junto a sus amigos Orlando Marín (timbal), Joe Quijano (bongó), Chiqui Pérez (conga) y Larry Acevedo (voz), que se conoció como Banana Kelly's Mambo. Se trató de una experiencia juvenil, sin mayores pretensiones que hacer música y explorar caminos para cultivar un futuro sendero profesional. El trabajo de este grupo se recogió en una producción de 78 rpm que incluyó los temas "El Cumbachero" y "Abaniquito". "La primera presentación de nuestro conjunto, fuera de la escuela, fue durante una actividad de la Liga Atlética Policiaca, en el Hurns Point Palace, y teníamos 15 anos de edad. Eddie era el líder del grupo y nos pagó 35 centavos a cada uno", recuerda su homólogo Joe Quijano. Poco después, la agrupación se fue ampliando con la incursión de tres trompetas y un bajo, transformándose en El Conjunto de Eduardo Palmo, que era como solía llamarse Eddie Palmieri.




Al arribo de 1954, el pianista pasó a formar parte del quinteto de Bobby Santiago, del que salió para la orquesta de Eddie Forrester, incursionando luego en la escuela de la música caribena más cadenciosa con el grupo de Johnnie Seguí, donde compartió escena con el maestro Willie Rosario, en 1955.
Seis meses más tarde, su hermano Charlie lo recomienda para que lo sustituyera en la orquesta del cantante cubano Vicentico Valdés, quien había sido vocalista de la banda de Tito Puente. Ésta fue su oportunidad de "grandes ligas", al encontrarse junto a una batería de músicos jóvenes que despuntaban en el ambiente artístico con fuerza, como lo fue el caso de Manny Oquendo, Tommy López, Mike Collazo y el vibrafonista Pete Terrace.
La experiencia junto a la orquesta de Vicentico Valdés duró dos anos (1956-1958), periodo en el que el nombre de Eddie Palmieri se coronó con solidez en el ambiente de la música caribena neoyorquina. De nino Eddie Palmieri quiso ser timbalero como Tito Puente. En septiembre de 1958, Eddie Palmieri ingresó a la big band de Tito Rodríguez, recomendado, una vez más, por su hermano Charlie. Esa etapa de su historia artística sirvió para expandir su trabajo fuera de la frontera de Nueva York, situándose en el mercado musical de California, Las Vegas, Miami y Puerto Rico. Fueron anos gloriosos en su carrera que quedaron consignados en su primera producción discográfica, "Tito Rodríguez at the Palladium" (1960), en el que la musicalidad del joven pianista, de apenas 23 anos de edad, se hizo sentir en los temas "Satin and Lace", "Mama Güela", "Te comiste un pan", "Liza", "El monito y la grifa", "El pollo de Carlitos" y "El Sabio", entre otros.
Tras la publicación de ese álbum, Tito Rodríguez alteró la formación de su orquesta y constituyó un sexteto, momento en el que Eddie Palmieri abandonó al versado vocalista y, buscando suerte, armó un trío musical con el que vagó participando en bodas, fiestas privadas y cumpleanos. Poco después, a finales de 1960, el pianista conformó su orquesta y se lanzó a tocar en los principales clubes de Nueva York, donde se había dado a conocer por su trabajo al lado de la orquesta del intérprete de "Tiemblas".



Eddie Palmieri denominó su agrupación con el nombre de La Perfecta, una rúbrica sugerente que aludía al empeno, dedicación y perfeccionismo con que el músico emprendía sus trabajos. En un principio, la parte armónica de la agrupación se valió de la combinación de piano, trombones, flauta, percusión, bajo y voces, un surtido sonoro que Charlie Palmieri bautizó como "trombanga" -mezcla de trombones con charanga- y que otros denominaron "sonido de elefantes". No hay duda que el valor agregado de la creación de La Perfecta estuvo en la conjunción rítmica. Hasta entonces, el sonido del trombón no era asiduo en las combinaciones armónicas que dominaban el sonido caribeno en el ámbito comercial de Nueva York. Por el contrario, la supremacía era de las agrupaciones sonoras, con estructuras armónicas de trompetas, que fue, en efecto, el objetivo inicial de Eddie Palmieri al concebir su grupo. "Yo siempre quise el conjunto de trompetas como las orquestas que salían de Cuba, o las que dominaba en Nueva York: el Conjunto Casino, Tito Puente y Tito Rodríguez. Me encantaban los conjuntos, pero era muy difícil cuando empecé conseguir trompetistas latinos, eran en su mayoría americanos y después no iban a ser fiel con la orquesta. Además, de que los que habían exigían mucho más paga", narra el pianista. Recuerda, que un día -afirma que fue martes- visitó el Club Tritón de Nueva York, donde Johnny Pacheco hacía sus jazz sections. Esa visita fue providencial para el músico, puesto que allí conoció a Barry Rogers, un talentoso trombonista norteamericano que alteraría el curso del sonido caribeno, con sus ejecuciones innovadoras. "Barry fue el músico más influyente de toda la generación de trombonistas de Nueva York. Era un genio, todo lo que hacía era bravísimo y tenía la preparación de tocar con orquestas de jazz y rhythm and blues. También conocía la música latina y los patrones ritmáticos nuestros, y cuando se encuentra conmigo fue la combinación perfecta", manifiesta Palmieri, quien reconoce que la aportación del trombonista estadounidense fue de gran ayuda para el impulso de su propuesta musical. "Y así empezó", prosigue, "cuando empezamos La Perfecta tuvimos un trombón y una flauta; la flauta algunas veces sola con el ritmo y el trombón solo, hasta que las pude integrar", cuenta. En esos inicios, su batería de músicos se compuso, entre otros, por Georgie Castro (flauta), Chickie Pérez (percusión), Joe Rivera (bajo), Manny Oquendo (timbales) e Ismael Quintana (voz), con quienes se mantuvo tocando por espacio de un ano sin grabar, hasta que en noviembre de 1961 lanzan su primer álbum "Eddie Palmieri and his conjunto La Perfecta", que incluyó los temas "Conmigo", "Isla preciosa", "Mi guajira", "Ritmo caliente", "Cachita" y "Bailaré tu son", entre otros. La presentación del disco estuvo a cargo de Charlie Palmieri, quien describió a su hermano como "un loco" porque decidió "abandonar la seguridad económica que le proveía estar en una de las más exitosas bandas latinas (la orquesta de Tito Rodríguez) para crear su propia agrupación". Asimismo, se refirió al grupo como una "banda perfecta", con un "sonido original" que presenta "la música del pasado y el presente arreglado en un nuevo estilo".



Muchos se preguntarán cómo llegó Ismael Quintana a la historia de la orquesta La Perfecta. Sucede que en una ocasión, a finales de los anos 50, el timbalero Orlando Marín hizo una audición de cantantes para intimidar al vocalista de su orquesta, quien venía confrontando problemas de disciplina y al que el percusionista quería provocar para que mejorara. Ese día, Eddie Palmieri compartía con su viejo amigo Orlando Marín y éste lo invitó a su audición. Fue entonces cuando se presentó Ismael Quintana y Eddie Palmieri lo escuchó cantar.
Desde el primer momento, Eddie quedó encantado con el timbre de voz y el estilo de Quintana, y le dijo a Orlando Marín que cuando hiciera su conjunto le gustaría tener a Ismael como su cantante. El tiempo pasó y cuando llegó el momento de crear La Perfecta, Eddie Palmieri comenzó a buscar vocalista y se enteró que aquel joven que había conocido anos atrás en una audición se encontraba cantando con el grupo de Ángel Náter, quien luego fue presidente de la Federación de Músicos de Puerto Rico.
Eddie Palmieri se comunicó con Náter para preguntarle por Ismael, con quien se reúne días después. En la conversación se dan cuenta de que, por cosas de la vida, Ismael no conocía nada de lo que tocaba Eddie y Eddie no tocaba nada de lo que Ismael sabía. Aun así, se juntaron y no hubo impedimento para lograr uno de los binomios más favoritos de los salseros. Tras la publicación del primer álbum de La Perfecta, Eddie Palmieri fortaleció su agrupación con la entrada a la orquesta del trombonista brasileno José Rodríguez, quien junto a Barry Rogers completaron un sonido inigualable en los patrones de la música caribena.
La propuesta de incluir el trombón en la formación sonora no fue una inventiva del veterano pianista. Fue, en cambio, su consagración como recurso armónico en la música latina, puesto que ya, en Puerto Rico, el talentoso Mon Rivera había incursionado el trombón en la interpretación de la bomba y la plena. Sobre la llegada de José Rodríguez a La Perfecta, Eddie Palmieri cuenta que fue Barry Rogers quien lo trajo ante su consideración para darle más potencia a la orquesta.
"A Barry lo llamaron a trabajar una vez en una grabación y allí conoció a José. Él me viene y me dice: 'Encontré el trombonista que nos hace falta, le hice una cita para que lo conocieras'. Entonces nos reunimos y hablamos y al final él se quedó más tiempo conmigo que Barry", sostiene. En poco tiempo, el trabajo de La Perfecta cautivó el ambiente musical latino de Estados Unidos en un proyecto artístico en los que la gran mayoría de los temas interpretados y los arreglos eran trabajados por Eddie Palmieri. En 1962 aparece la publicación del segundo disco de La Perfecta, "El molestoso", con temas como "Así es la humanidad", "Lázaro y su micrófono", "Contento estoy", "Yo sin ti" y "No critiques". Este trabajo estuvo seguido por el álbum "Lo que traigo es sabroso" (1963), que incluyó el gran éxito del grupo "Muneca", además de "Baila guaguancó", "Verdad amarga", "No hay mal que por bien no venga", entre otros.
Para la cuarta producción de Eddie Palmieri hay un cambio en la casa discográfica. La relación sostenida hasta entonces con la empresa Alegre Records quedó atrás para iniciar un nuevo acuerdo comercial con la firma Tico Records, en la que se registra el disco "Echando pa'lante" (1964), al que le siguió "Azúcar pa' ti" (1965). Hasta entonces, gran parte de los ritmos y estilos consignados en las grabaciones de Eddie Palmieri eran recomendaciones que le hacía su colega Manny Oquendo, quien seguía de cerca las tendencias musicales que se gestaban en Cuba y auspiciaban el desarrollo cultural del país antillano.
Acorde con su interés en mantener un sonido cónsono a las raíces musicales afrocubanas, en 1965 lanzó al mercado el álbum "Mambo con conga es Mozambique", un trabajo que fue criticado por un ínfimo grupo de exiliados cubanos de Nueva York, no por su contenido sino por tratarse de un proyecto que reafirmaba la relación y simpatía del músico con el pueblo de Cuba justo en el momento en que Estados Unidos alzaba una cortina de hierro contra el país caribeno por diferir de su ordenamiento político y económico.
"Mambo con conga es Mozambique" fue tildado de un producto comunista e inclusive, recuerda Palmieri, los agentes federales le llamaron la atención a la companía discográfica y ésta advirtió al músico de que desistiera de grabar el ritmo. La consecuencia fue que en la siguiente producción, "Molasses" (1966), Eddie Palmieri produjo siete temas con un sonido fuerte, sin comparaciones y repletos de una cadencia rítmica impresionante de mozambique. De ese trabajo se recuerdan las melodías "Melao para el sapo", "Traguito", "You're gonna hear from me", "Bomboncito de pozo", "Carnaval en Camagüey", "Tirándote flores" y "Campesino".



En esos anos se inscribe una nueva etapa en el desarrollo musical del virtuoso del piano. Se trata de su incursión formal al mundo del jazz latino en unión al reconocido vibrafonista Cal Tjader, un junte que se consignó en dos discos: "El sonido nuevo" (1966) y "Bamboléate" (1967). Al mismo tiempo, encontramos a Eddie Palmieri participando de los jam sessions orquestados por Tico Records, además de formar parte, en calidad de músico invitado, en la primera presentación de las Estrellas de Fania en el Red Garter, en 1968, experiencia que se recogió en un álbum.
La Perfecta, entretanto, se disolvió, aunque el hábil músico se mantuvo realizando múltiples trabajos en unión con grandes y veteranos músicos del ambiente latino. Así produjo "Champagne" (1968), "Justicia" (1969), "Superimposition" (1970), "Vámonos pal' monte" (1971) y una secuela de discos de primer orden y con una calidad sonora insuperable. Un nuevo momento se presenta para Eddie Palmieri cuando en 1974 abandonó la orquesta quien fue su principal cantante y se integró un jovencito de apenas 16 anos de edad, Lalo Rodríguez. Su nuevo vocalista se inauguró en el álbum "The Sun of Latin Music", que se convirtió, a su vez, en la primera producción latina en ganar un premio "Grammy", en 1975.
A partir de ese momento, "El Rumbero del Piano" no descansó en lanzar producciones al mercado, logrando en 1976 su segundo "Grammy" con "Unfinished Masterpiece", que estuvo seguido por un "Grammy" en 1984 por "Palo Pa' Rumba", 1985 con el álbum "Solito" y en 1987 por la producción "La verdad", realizada para el sello Fania. A estos galardones se suman dos estatuillas adicionales ganadas por el disco "Obra Maestra"(2000) grabado junto a Tito Puente. Eddie Palmieri fue el primer músico latino en Estados Unidos en experimentar la combinación sonora de la música cubana con el jazz, la bomba y las nuevas tendencias musicales del mundo urbano anglosajón -rhythm and blues, funky y soul- adornadas con una lírica social de alto contenido reivindicativo.
En ese sentido, es el primer salsero y el pionero en escenificar los márgenes de tensión y rudeza social en que vivían los latinos en Nueva York en la fuerza interpretativa del piano y los trombones. Su estilo de ejecutar el piano le ganó el apelativo de "El Rompeteclas" y "El Rumbero del Piano", por vindicar el rol percusivo del instrumento y realzar su expresión sonora armónica y, a la vez, agresiva. "El tambor es lo más cerca al pulso de la vida", suele expresar este virtuoso músico para refrendar su asociación del sonido del piano con el repique de la percusión.
"No es que lo golpee (el piano), es que es un instrumento de percusión. El toque más pianístico me encanta y me han dicho los músicos de jazz que los tonos que toco en el piano son las de un drumista jazzista", sostiene. Su trabajo artístico estuvo influenciado desde sus comienzos por la obra de su hermano Charlie Palmieri, a quien consideró su mayor inspiración. En ese mismo renglón destacaba personalidades musicales a quienes reconoció como "fuerzas inspiradoras" de su arte, como Chapotín, Lili Martínez, Miles Davis, Art Tatum, Bobby Timmons, Bill Evans y McCoy Tyner, Horace Silver, Bud Powell, Debussy y Herbie Hancock.
Aun cuando fue el músico más avanzado de la historia del sonido caribeno de Estados Unidos en los anos 60, estuvo fuera del auge comercial desarrollado por el sello Fania que se encargó de posicionar el trabajo de los latinos desde finales de la década del 60 y a lo largo de los anos 70.


por Hiram Guadalupe Pérez

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