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Nacido el 27 de septiembre de 1935, en el edificio A, apartamento 1, de la comunidad del Fonasterio en Puerta de Tierra, José Quijano Esteraz construye su vida en la ciudad de Nueva York, adonde sus padres emigraron en 1941 buscando mejor fortuna. El barrio del Bronx se convirtió en su comunidad y desde allí absorbió las tendencias musicales imperantes en la época con las que fue educando su oído musical, sin pensar que la vida le aguardaba un asiento en la escena de los futuros protagonistas del ritmo latino.
Con tan sólo seis anos de edad, y dando rienda a su iniciativa, construyó unos bongoes de lata para entretener a su familia y con los que tocaba las melodías de las canciones más escuchadas en la radio, principalmente las interpretadas por Dámaso Pérez Prado y César Concepción. Poco después, sus padres lo matricularon en clases de piano con los profesores Edubijes Bocanegra y María Luisa Lecom, esta última madre de Luis Varona, el pianista de "Machito". Esa experiencia lo relacionó con dos jóvenes habilidosos que pronto se convirtieron en figuras relevantes para la música latina: los hermanos Charlie y Eddie Palmieri.
Un viaje a Puerto Rico en 1943 interrumpió su formación musical. En la Isla, Joe Quijano residió con su familia por cuatro anos en el barrio La Muda de Caguas, tiempo que no trascendió en su formación musical, mas le sirvió para familiarizarse con las producciones discográficas en moda y las que disfrutó desde el sonido de una vellonera que había en un bar a la esquina de su hogar. "Cuando vinimos a vivir a Caguas dejé de ensayar el piano. Mi relación con la música fue sólo escuchando las velloneras, con lo último de Benny Moré, Pérez Prado, César Concepción, Los Panchos, Panchito Reset… eso era lo que me gustaba y lo que se me pegó. A veces tocaba bongó con los discos", narra el músico.
De regreso a Nueva York, en 1950, retomó sus aspiraciones musicales y logró su primera experiencia artística con un grupo escolar cantando y tocando el bongó, en el que también participó Orlando Marín (timbal), Eddie Palmieri (piano), Chiqui Pérez (conga) y Larry Acevedo (voz). El grupo se bautizó con el nombre de Banana Kelly's Mambo, en referencia al lugar donde vivía la mayoría de estos jóvenes alumnos: la calle Kellys, en el Bronx. "En la escuela cantábamos lo único que sabíamos que era 'El Cumbachero', 'Abaniquito' y 'La toalla'. Hicimos nuestra primera presentación fuera de la escuela para una actividad de la Liga Atlética Policiaca, en el Hurns Point Palace, y teníamos 15 anos. Eddie Palmieri era el líder del grupo y nos pagó 35 centavos a cada uno", recuerda.
A finales de 1951, la iniciativa de los Banana Kelly's Mambo se fue ampliando bajo la dirección de Orlando Marín con la incursión de tres trompetas y un bajo, y en poco tiempo se transformó en Joe Quijano y su Conjunto y El Conjunto de Eduardo Palmo -que era como solía llamarse Eddie Palmieri.
"Éramos los mismos músicos, lo que hacíamos era cambiar el nombre porque estábamos en una etapa de ver quién se quedaba con el grupo y, lo más importante, porque para conseguir guisos era mejor así", afirma el percusionista. Este junte, agrega, se nutrió de "repertorio de stocks", que eran arreglos que se vendían en masa, mayormente de temas cubanos, entre ellos "Como eso se hincha" y "La muneca que canta", conocidos popularmente en voces de Tito Rodríguez y La Sonora Matancera, respectivamente.




De esta manera, los músicos comenzaron a pasearse por los principales centros nocturnos de la ciudad, como El Caborrojeno, Happy Hills Casino, EL Tropicana, El Broadway, San Juan Casino, La Campana, El Alambra y El Caribe, entre otros, aunque sin mayor trascendencia. La estrategia era darse a conocer, contando a su favor con la anuencia de sus colegas Charlie Palmieri y Kako Bastar, quienes para esos anos ya habían organizado sus respectivos conjuntos.
Al mismo tiempo, Joe Quijano dirigió un conjunto con el que se presentó por tres anos consecutivos en las fiestas de verano que celebraba la población judía de Nueva York y en la que interpretaba en inglés variaciones en cha-cha-chá y mambo de temas famosos del repertorio anglosajón, ganando $90 a la semana. Su mayor influencia, confiesa, la obtuvo del trabajo de Johnnie Seguí, de quien fue tomando algunas de las senas musicales que luego incorporó a su proyecto musical.
"Estaba influenciado por el trabajo de Johnnie Seguí y su grupo Los Dandys. Iba al Club Caborrojeno y me quedaba mirándolo con mucha intensidad para que me diera un break para cantar, cuando sus vocalistas eran Yayo El Indio y Wilfredo Figueroa, y yo tenía 18 anos", apunta. Corría la época de mediados de los anos 50, justo en el auge del salón de baile El Palledium, donde dominaban las orquestas de Machito, Puente y Rodríguez y en el que pronto se habilitó un espacio para el destaque de su trabajo creativo.
Mientras, Joe Quijano se ganó la vida como mensajero de una companía fotográfica que ubicaba al lado del Palledium, en la calle 63 y Broadway, de donde salió a laborar como vendedor de los sellos Tico y Fiesta Records, con lo que ganó experiencia en el manejo de la industria del disco. En el ano 1956, Joe Quijano viajó a Cuba con la intención de familiarizarse con el movimiento musical de ese país, fascinado con el trabajo que desempenaban grupos como la Orquesta Aragón, La Sonora Matancera, Benny Moré y otros. De todos fue armando su propuesta armónica, marcando la diferencia en la combinación de dos trompetas, una flauta y un coro al unísono, persiguiendo el sonido de la tradicional charanga cubana.
"En Cuba empecé a recoger repertorios y arreglos de todas las cosas que me gustaron. Cuando llegué a Nueva York, en noviembre de 1956, formé el conjunto con varios de los músicos del viejo Banana Kelly's Mambo. Al poco tiempo bauticé el grupo como el Conjunto Cachana", cuenta. La formación inicial de su orquesta estuvo integrada por Bobby Valentín (trompeta), Hermán González (trompeta), Bobby Nelson (flauta), Pedro Pérez (piano), Lidy Figueroa (bajo), Luis Goigochea (conga), Chiqui Pérez (timbal) y Paquito Guzmán (voz).
Como líder de orquesta, Joe Quijano logró su primera grabación en un disco de 45 rpm, que incluyó los temas "Rumba en Navidad" y "Descarga charanga", en 1959. Un ano más tarde grabó su primer disco de larga duración para la firma Spanoramic, "A Catano" (1960), seguido por "Volví a Catano", el mismo ano. En ambas producciones se destacó la participación de Paquito Guzmán cantando pachangas, boleros y guarachas.



La distinción en la voz de Paquito Guzmán acompanó a Joe Quijano en las producciones "Mr. Pachanga en Changa" (1960, sello TeeJay), "La pachanga se baila así" (1961, Columbia Records), "Everything Latin" (1962, Columbia Records) y "Dance to the Bossa Nova, the Mambo, the Cha Cha Cha" (1962, Columbia Records), en los que se destacaron, entre otros, los temas "La flauta de Bartolo", "La lluvia" y "Desafinado". Luego de establecerse con solidez en el mundo de la canción latina de Nueva York, la siguiente hazana de Joe Quijano fue fundar su propio sello discográfico, Cesta Records, emprendiendo así una carrera artística que combinó la faceta de músico, cantante, productor y empresario.
Su primera producción para su firma fue "The World's Most Exciting Latin American Orchestra and Revue" (1962), que incluyó la participación de Paquito Guzmán, Charlie Fox, Bobby Valentín y Eddie Palmieri, entre otros grandes músicos. Tras ese álbum se produce la salida del vocalista Paquito Guzmán, que fue sustituido por Chaguito Montalvo y Willie Torres, quienes permanecieron por espacio de cinco anos con el grupo, participando en los álbumes "Swings Uptown and Downtown" y "Shings-a-lings" , ambos producidos en 1963.
En 1964 aparece el disco "Party Album", que es el primero en que figura como vocalista Joe Quijano, acompanando a Chaquito Montalvo. Ese mismo ano aparece "Joe Quijano with Strings", el primer trabajo netamente romántico del percusionista y director orquestal y que apareció al mercado luego de su participación con Edye Gorme y el trío Los Panchos. Tras la salida del grupo de Chaguito Montalvo, Joe Quijano reclutó a Pedro "Bolita" Gómez, quien fue el último cantante que mantuvo en su Cachana, al optar por asumir él toda la responsabilidad vocal.
A finales de la década de 1960, su desempeno como disquero no pudo contener el control que ejerció sobre la industria el naciente imperio de Fania, que más allá de mantener un monopolio sobre las producciones de salsa, controló sus talentos e influyó sobre las programaciones radiales.
"Yo no estaba en las de competir y estar en la batalla de la salsa callejera. Me gradué en otra escuela y preferí hacer shows en vez de estar en la calle. Además, con el surgimiento de Fania, la radio dejó de tocarnos. El monopolio fue fuerte y hubo sellos que cerraron y yo empecé a hacer otras producciones y, luego, decidí irme a Puerto Rico a trabajar a los hoteles", asegura.
Así, en noviembre de 1969 comenzó una jornada de trabajo como orquesta de planta en el salón Siboney del hotel San Gerónimo Hilton (hoy Condado Plaza), acompanado de un grupo de valiosos músicos que encabezó Israel López "Cachao", Paquito Pastor y Heny Álvarez. Dos anos más tarde, en 1971, fundó su propio club, el Latin Loundge en Isla Verde, al tiempo que se mantuvo haciendo producciones discográficas con su conjunto aunque sostiene que era "para hacer catálogo".
Al filo del ano 1976 regresó a Nueva York y armó una orquesta grande para tocar en los Junior's Dancers, una experiencia que no duró mucho tiempo. "Volví a salirme del giro de la calle porque casi no pagaba. También había que ir a batallar con el masacote del conjunto y como no tenía quien me respaldara, y la Fania estaba muy fuerte y se había quedado con la radio, me fue difícil y volví a trabajar para los bailes de sociedad", manifiesta.



Considerado como miembro de "la vieja guardia" de la música latina de Nuava York en los anos 50 y 60, Joe Quijano se siente salsero aunque asegura que hay quienes no lo consideran en el grupo de los pioneros del género. "En los anos 70 fuimos muchos los que nos quedamos fuera de la radio y no nos querían grabar. Hay emisoras que no me reconocen como salsero y no lo resiento porque así me mantengo en el campo que trabajé, en la pachanga", sostiene.
Atendido o no como miembro de la grey salsera -fundamentalmente por no haber sido grabado para el sello Fania-, Joe Quijano es uno de los baluartes más destacados en el desarrollo de la música caribena. Poseedor de una clave espléndida, con la que afirma "me puedo batallar con cualquiera", su obra musical matizó uno de los primeros ejercicios de creación artística al fusionar elementos de sonora y charanga para imprimirle un distintivo a la expresión de la pachanga, un ritmo que para muchos es el precursor de la salsa, y que conserva, además, el carácter sórdido con el que se identificó la salsa en sus inicios como representante del sentimiento latino en Estados Unidos.
"Mi aportación es que he puesto a la gente a bailar pachanga y cha-cha-chá. Fui innovador y transformé el ritmo porque antes, en Cuba, se tocaba como un merecumbé, una cosa rápida. Yo la armé y se le desarrolló un baile que era patinando y con un brinco, y eso provocó tanto furor que Tito Rodríguez, Pacheco, Puente, Barretto y Willie Rosario terminaron tocando pachanga", senala.
Joe Quijano es una de las figuras musicales de mayor trascendencia de la música caribena, siendo uno de los principales protagonistas del ritmo de la pachanga de Nueva York que es, a su vez, el puente para la conformación del sonido salsero de finales de los anos 60. Como expresión musical, la pachanga, originada en Cuba por el músico Eduardo Davison en los anos 50, surge de la combinación armónica de trompetas, trombones y saxofón con la percusión, guardando un distintivo esencial en su expresión bailable. Su mejor interpretación la halló en las orquestas charangueras, aun cuando el formato de éstas estaba circunscrito a la conjunción del sonido de violines, flauta, piano, contrabajo, güiro y percusión, en voces al unísono.
En cambio, fue en Nueva York donde se le imprimió el sello distintivo a este ritmo, haciéndolo más rápido y sincopado y difuminándolo por toda la ciudad hasta convertirlo en la musicalidad preferida de la época, al punto de que un ritmo propio para ejecutarse en agrupaciones pequenas (charangas) terminó realizándose también en el formato de las big bands, como sucedió con las orquestas de Frank Pérez Grillo ("Machito"), Tito Puente y Tito Rodríguez.
"La pachanga es un ritmo neoyorquino, el segundo gran ritmo después del cubop, desarrollado por los latinos en la Gran Manzana. Es a la salsa lo que la milonga al tango. Los salseros bravos son, antes que nada, pachangueros", sostiene el músico y pedagogo Manuel Antonio Rodríguez, en su escrito "El reinado de la pachanga".
Varios grandes músicos de la época también se convirtieron en exponentes de este ritmo, como fue el pianista norteamericano Charlie Fox y los latinos Ray Barretto con su orquesta La Moderna, Charlie y Eddie Palmieri, Joe Cuba y su Sexteto, la Charanga Broadway, Orlando Marín, el Sexteto Playa, José Antonio Fajardo, Johnny Pacheco, Belisario López y Joe Quijano.
Pero entre todos, el trabajo y la creatividad de Joe Quijano posicionó esta musicalidad en una dimensión mayor, al innovar con su combinación de flauta y trompetas, un híbrido entre el proyecto labrado por las orquestas cubana Aragón y La Sonora Matancera. De esa manera, el músico puertorriqueno marcó la distinción en la ejecución de la pachanga, imprimiéndole un sonido particular, arraigado a la tradición musical cubana pero inspirado en el contexto del mundo citadino de Nueva York, con amplio sentido urbano y callejero.


por Hiram Guadalupe Pérez

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